Qué suerte la de aquel que cuando muere
sus ojos se los cierran con cariño,
colmándole de mimos como a un niño
y echándole de menos si se fuere.
Por desgracia, sucede en ocasiones
que a la muerte acompaña el sufrimiento
al verse sin el acompañamiento
de nadie, sin motivos ni razones.
Cual si fuera un estorbo para todos,
el anciano termina en residencia
donde, a veces, soporta malos modos,
sintiendo que no quieren su presencia
aquellos que le hablaban por lo codos
no poder ser felices en su ausencia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario