Recuerdo que de niño perseguía
a pájaros que apenas si volaban
y dentro de mi estómago acababan,
pues luego de matarlos los comía.
Gurriatos escapados de sus nidos,
alegres y felices en sus vuelos,
novatos, que no tienen los recelos
de aquellos que ya fueron perseguidos.
Me pesan tales hechos como losa
y sufro cuando vienen a mi mente,
pues creo que es una acción muy vergonzosa
por más que la practique mucha gente
y aunque sea un pajarillo poca cosa
no siento que me sirva de eximente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario