AMAR ES SUFRIR
¿Por qué viniste a mi vida,
amor, si no te llamé?;
tú llegaste y se me fue
la tranquilidad, perdida
desde aquel aciago día
en que la vi de repente
y se me clavó en la mente
tanto, que yo no creía
que pudiera suceder
lo que ahora me sucede,
que es ceder como se cede
y un camino recorrer
que lleva a ninguna parte,
porque vas encadenado
por sendas que te han trazado
sin que puedas desviarte.
Desde entonces, sordo y ciego,
en aquella mujer pienso,
con el pulso siempre tenso
y en pleno desasosiego.
No soy capaz de pensar
y me cuesta decidir,
hasta el punto de venir
cuando quisiera marchar.
La libertad que ahora tengo
es la que se me concede,
que otra cosa no se puede
y ni siquiera sostengo
posturas inalterables
que eran clásicas en mí,
pues para siempre perdí
la barca, el ancla y los cables
en que siempre navegaba
con cualquier tiempo que hiciese,
ya fuera el rumbo que fuese
y felizmente llegaba
adonde me proponía,
pero fue verla y perder
esa manera de hacer
que anteriormente tenía.
Lo descrito más arriba
no es verdad ni puede serlo
y quien quiera sostenerlo
sabrá que es una diatriba
en boca de un egoísta,
ya que el amor es belleza,
es pasión, bondad, grandeza
y además apologista
de la paz, de la alegría,
la educación, el decoro
y es el más grande tesoro
que el hombre de bien ansía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario