Igual que un barco velero
que surca veloz las olas,
mis ilusiones van solas
dejando tras sí un reguero
de penurias y fracasos,
pues quien paliármelos puede
no quiere hacerlo y no cede
aunque le siga los pasos
rogando con impaciencia
que por caridad me ayude,
mas mi petición elude
a pesar de mi insistencia.
Sólo con una sonrisa
que saliera de su boca,
me sentiría como roca
a la que besa la brisa,
aguantando los embates
de las olas cuando crecen
y que ejércitos parecen
curtidos en mil combates.
Necesito de su ayuda
para elevar mi moral,
pues ya me encuentro tan mal
que como pronto no acuda
más tarde será imposible
curar esta desazón,
dejando a mi corazón
en un coma irreversible.
Sin ilusiones no puedo
vivir como yo quisiera,
pues de ninguna manera
quiero ser ningún remedo
del hombre que se conforma
con vivir el día a día
y que nada grande ansía
teniendo esto como norma.
De mis ilusiones dueño,
las tengo que alimentar
y lo tengo que lograr
aunque muera en el empeño.
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