Por más que con denuedo te persigo
no logro conseguir dónde te escondes,
pues siempre que te llamo no respondes
y lleno de furor ya te maldigo,
que huérfano me tienes a porfía
sin ápice de buenas sensaciones,
cambiando sin cesar mis aquilones
y nada ya me sirve como guía.
Seguro de mí mismo pretendía
que fueras compañera permanente,
mas luego de repente te perdía
y nada ya me sirve de aliciente,
por eso estoy buscándote, alegría;
si me oyes deja todo y pronto vente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario