Castilla, la de La Mancha
de nobles e hidalgos tierra,
los primeros en la guerra,
que lo hacen en avalancha
a la hora de pelear
y más si la causa es justa,
ya que nada les asusta
y si es preciso quedar
en el campo de batalla
allí quedará el primero,
que mejor que este guerrero
en parte alguna se halla.
Su palabra es como ley
cumpliéndola a rajatabla,
piensa mucho más que habla
con la dignidad de un rey.
Hombre de acero templado
como el que se hace en Toledo,
en todo emplea tal denuedo
que por eso es admirado.
Y tanto su honor vertebra
con su manera de ser
que así se dio a conocer:
“que dobla, pero no quiebra”.
Del mundo la maravilla
en el pasado te hiciste
y a tal punto te extendiste
que decían “ancha es Castilla”.
Tierra que nos encadena,
que a sus hijos vuelve parcos
y que templa bien sus arcos
asomando a cada almena
dispuesta a no trocar nada
de su bien ganada gloria
y figurando en la historia
como la más respetada.
La de horizontes sin fin
que va prolongando el suelo
hasta el mismísimo cielo,
con el cual hace confín.
Admiraciones suscitas
por lo que de ti hubo escrito
quien fue el mejor erudito
en sus más excelsas citas.
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