Fuiste mis pies y mis manos
y si poco nos tocamos
parece que nos llevamos
cual si fuésemos hermanos,
pues como Gerva y Tirita,
como tu padre decía,
un día con otro día
nunca faltaste a la cita
y siempre me has ayudado
colmándote de paciencia,
tragando mi impertinencia
aunque estuvieras cansado.
Y en este dichoso huerto
el tiempo perdías a veces
y me arreglabas con creces
solucionando el entuerto
que a veces yo cometía,
pues para nada soy ducho
en estas lides y lucho
con denuedo y valentía
por tener un huerto sano
donde las cosas crecieran
hermosas y luego fueran
desde el tomate al manzano
como no haya en parte alguna,
pero mi poca experiencia
junto con mucha exigencia
no traían buena fortuna.
Nos diste apoyo sin tasa
y en el mundo no hay peculio
para pagártelo, Julio,
pero tú aquí estás en casa.
El día que no nos visitas
todos de menos te echamos
y ese día tristes estamos
desde Susy a las perritas.
Si alguna vez te he ofendido
sería por la confianza
y ahora mismo, sin tardanza,
perdón por ello te pido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario