A LA MUERTE
No me molestes, maldita
muerte que me rondas cerca,
ya sé que te pones terca
y tu presa no te quita
nadie cuando tú la eliges,
que gracias a tu maldad
te alías con la enfermedad
y al enfermo tanto afliges
que termina por ceder
y su dolencia que es mucha
le hace abandonar la lucha
y a tus brazos va a caer.
Seguro que muchas veces
próxima me perseguías,
que al alcance me tenías,
pero quizá por mis preces
tuviste que huir de mí
esperando otra ocasión
escogida entre el montón
en las muchas que me vi.
Esta vez no tengo fuerzas
para cambiar mi destino
y encontrarás mi camino
a menos que tu te tuerzas,
que ya me encuentro cansado,
muy hastiado, perdedor
y lo que es mucho peor:
me encuentro decepcionado,
en el borde del abismo.
Ten los brazos bien abiertos,
porque yo ya entre los muertos
me encuentro desde ya mismo.
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