viernes, 5 de octubre de 2007

A RONDA (MI NIETA CHINITA)



Nos ha llegado de oriente
igual que los Reyes Magos
y cuando llegó a estos pagos
y nos miró sonriente

a todos nos conquistó
utilizando su encanto,
que la niña tiene tanto
como jamás nadie vio;

ni reina, ni emperadora,
que es bastante más que eso,
ya que ella en un solo beso
genera el amor que aflora

a todos los que tenemos
la suerte de estar con ella,
que es nuestra guía, la estrella
que en nuestro horizonte vemos.

Pero entre tanta alegría
que la niña nos derrama
hay alguien que tanto la ama
que gustosa la vería

ser tan feliz con nosotros
aunque fuera un solo instante
y regresar al levante
sabiendo que aunque son otros

los que gozan de tener
entre ellos este prodigio
de niña, un solo vestigio
de ella llegaría a ser

el ungüento permanente
que paliara de por vida
la anterior vida sufrida
por estar su niña ausente.

Y así con sólo el recuerdo
de lo feliz que la viera
su sufrimiento se fuera
y tendría el muy buen acuerdo

de pensar que ha comprobado
que ni ella misma podría
haber dado la alegría
que nosotros la hemos dado.

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