Tanta gracia emplea Sarita
en cantarnos sus canciones
que alegra los corazones
y la tristeza nos quita.
Igual pasa al recitar,
que lo hace con tal donaire
dando a los versos un aire
y una alegría sin par,
accionando con sus manos
de consumada maestra
cuando sale a la palestra
antes que se lo pidamos,
pues siente tal afición
al cante y la poesía
que a decir versos se lía
de los que sabe un montón.
Ojalá si conservase
esta gracia y estas ganas,
que son aficiones sanas
con las que nos deleitase,
que es un gozo el escucharla
con esa voz infantil
y no una vez, sino mil
y tenemos que animarla
para que nunca jamás
abandone estos anhelos,
que alegrará a sus abuelos
y también a sus papás,
lo mismo que a quien la vea,
pues la niña es una fiesta
de gracia tan manifiesta
y que por siempre lo sea.
Bendita sea la maestra
que empleó tal contumacia
en que sacara esta gracia
y se mostrara tan diestra.
Sin dificultad intuyo
que sus padres han de estar
deseosos de escuchar
a la niña con orgullo.
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