Qué pena la del hombre marginado,
pues tiene que apartarse voluntario
de una vida normal. Será un calvario
por tener que llevarlo bien guardado
sin mostrarlo ante el hombre acomodado,
ya que éste es un ser insolidario
pasando para él a secundario
el dolor de aquel pobre desgraciado.
Me duele la pobreza de dinero,
de suerte, de cultura, de presencia,
de la edad, del que sólo tiene cero
de todo lo mejor. De la impotencia
de no acabar con todo lo agorero
que viene precediendo a la indigencia.
viernes, 7 de marzo de 2008
MIRARSE AL OMBLIGO
Hay gentes que no tienen ni un amigo
ni lo buscan, ni encuentran, ni lo quieren
y por más que con gentes estuvieren
ellos sólo se miran el ombligo.
Contentos, nada más están consigo,
otras gentes de ellos nada esperen,
pues sus cortas palabras hasta hieren
y a nadie quieren nunca por testigo.
La tristeza les busca y acompaña,
porque entrambos existe maridaje
y bien se necesitan. Tal calaña
exhiben, que no encuentran el ropaje
aunque busquen y empleen su mucha maña
por colar de rondón su camuflaje.
ni lo buscan, ni encuentran, ni lo quieren
y por más que con gentes estuvieren
ellos sólo se miran el ombligo.
Contentos, nada más están consigo,
otras gentes de ellos nada esperen,
pues sus cortas palabras hasta hieren
y a nadie quieren nunca por testigo.
La tristeza les busca y acompaña,
porque entrambos existe maridaje
y bien se necesitan. Tal calaña
exhiben, que no encuentran el ropaje
aunque busquen y empleen su mucha maña
por colar de rondón su camuflaje.
martes, 8 de enero de 2008
LOS ANCIANOS
Estaba aquella anciana acurrucada
al lado de la negra chimenea
en su silla de siempre, la de anea,
con los ojos prendidos en la nada.
Su marido dirige la mirada
hacia ella. Piensa en la panacea
que quisiera encontrar, por que la vea
tan bella como fue recién casada.
Su mano, con cariño, la entrelaza
con los dedos huesudos de su amada
y con voz semejante a la melaza
la dice que no hubiera sido nada
sin ella. Se levanta y va y la abraza
con la cara de lágrimas bañada.
al lado de la negra chimenea
en su silla de siempre, la de anea,
con los ojos prendidos en la nada.
Su marido dirige la mirada
hacia ella. Piensa en la panacea
que quisiera encontrar, por que la vea
tan bella como fue recién casada.
Su mano, con cariño, la entrelaza
con los dedos huesudos de su amada
y con voz semejante a la melaza
la dice que no hubiera sido nada
sin ella. Se levanta y va y la abraza
con la cara de lágrimas bañada.
LA BARCA DE CARONTE
Camino resignado hasta la barca
de Caronte; mi vida ya caduca,
inténtola trucar y no se truca
porque una nueva fecha no se marca.
El ojo vigilante de la parca
presiento lo tendré sobre la nuca
y más perdido estoy que Carracuca,
que nadie de la muerte se desmarca.
No sufran mis amigos ni mis deudos,
que tan sólo se trata de un soneto,
por ahora no pienso en esos feudos
que tiene por morada el esqueleto
y si he de pagarle mis adeudos
que espere bien sentado ese sujeto.
de Caronte; mi vida ya caduca,
inténtola trucar y no se truca
porque una nueva fecha no se marca.
El ojo vigilante de la parca
presiento lo tendré sobre la nuca
y más perdido estoy que Carracuca,
que nadie de la muerte se desmarca.
No sufran mis amigos ni mis deudos,
que tan sólo se trata de un soneto,
por ahora no pienso en esos feudos
que tiene por morada el esqueleto
y si he de pagarle mis adeudos
que espere bien sentado ese sujeto.
EL PADRENUESTRO
Tú, Padre Nuestro, que estás en los cielos
santificado serás en la tierra,
libéranos del horror de la guerra
y haz que se cumplan los miles de anhelos
solicitados. Daremos consuelos,
como consejos también a quien yerra,
al tiempo que él nos perdona y entierra
la mala condición de sus recelos.
Tu nombre de por siempre sea alabado,
líbranos de funestas tentaciones
y el pan de cada día nos sea dado,
derrama sobre el mundo bendiciones,
de modo que vivamos sin pecado
y libres de malignas ambiciones.
santificado serás en la tierra,
libéranos del horror de la guerra
y haz que se cumplan los miles de anhelos
solicitados. Daremos consuelos,
como consejos también a quien yerra,
al tiempo que él nos perdona y entierra
la mala condición de sus recelos.
Tu nombre de por siempre sea alabado,
líbranos de funestas tentaciones
y el pan de cada día nos sea dado,
derrama sobre el mundo bendiciones,
de modo que vivamos sin pecado
y libres de malignas ambiciones.
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