martes, 8 de enero de 2008

LOS ANCIANOS

Estaba aquella anciana acurrucada
al lado de la negra chimenea
en su silla de siempre, la de anea,
con los ojos prendidos en la nada.

Su marido dirige la mirada
hacia ella. Piensa en la panacea
que quisiera encontrar, por que la vea
tan bella como fue recién casada.

Su mano, con cariño, la entrelaza
con los dedos huesudos de su amada
y con voz semejante a la melaza

la dice que no hubiera sido nada
sin ella. Se levanta y va y la abraza
con la cara de lágrimas bañada.

LA BARCA DE CARONTE

Camino resignado hasta la barca
de Caronte; mi vida ya caduca,
inténtola trucar y no se truca
porque una nueva fecha no se marca.

El ojo vigilante de la parca
presiento lo tendré sobre la nuca
y más perdido estoy que Carracuca,
que nadie de la muerte se desmarca.

No sufran mis amigos ni mis deudos,
que tan sólo se trata de un soneto,
por ahora no pienso en esos feudos

que tiene por morada el esqueleto
y si he de pagarle mis adeudos
que espere bien sentado ese sujeto.

EL PADRENUESTRO

Tú, Padre Nuestro, que estás en los cielos
santificado serás en la tierra,
libéranos del horror de la guerra
y haz que se cumplan los miles de anhelos

solicitados. Daremos consuelos,
como consejos también a quien yerra,
al tiempo que él nos perdona y entierra
la mala condición de sus recelos.

Tu nombre de por siempre sea alabado,
líbranos de funestas tentaciones
y el pan de cada día nos sea dado,

derrama sobre el mundo bendiciones,
de modo que vivamos sin pecado
y libres de malignas ambiciones.