Tú, Padre Nuestro, que estás en los cielos
santificado serás en la tierra,
libéranos del horror de la guerra
y haz que se cumplan los miles de anhelos
solicitados. Daremos consuelos,
como consejos también a quien yerra,
al tiempo que él nos perdona y entierra
la mala condición de sus recelos.
Tu nombre de por siempre sea alabado,
líbranos de funestas tentaciones
y el pan de cada día nos sea dado,
derrama sobre el mundo bendiciones,
de modo que vivamos sin pecado
y libres de malignas ambiciones.
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