Camino resignado hasta la barca
de Caronte; mi vida ya caduca,
inténtola trucar y no se truca
porque una nueva fecha no se marca.
El ojo vigilante de la parca
presiento lo tendré sobre la nuca
y más perdido estoy que Carracuca,
que nadie de la muerte se desmarca.
No sufran mis amigos ni mis deudos,
que tan sólo se trata de un soneto,
por ahora no pienso en esos feudos
que tiene por morada el esqueleto
y si he de pagarle mis adeudos
que espere bien sentado ese sujeto.
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