Añoro aquellas noches en la lumbre,
noches frías, cercanas a las Pascuas,
mirando fijamente hacia las ascuas,
viviendo con placer esa costumbre.
Recuerdo que portaba la tenaza
y al rescoldo atizaba lentamente,
sintiéndole ponerse más caliente
aunque no para ser una amenaza.
A veces el silencio se perdía
al tiempo que la llama crepitaba
si a la lumbre más leña se añadía
y al hacerlo el contorno se alumbraba
pareciendo que el sol que hay en el día
con fuerza en la cocina penetraba.
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